Ir al contenido principal

EL CENTENARIO DE ALFONSO PASO.

 Si España, en lugar de ser una monarquía bananera sin soberanía ni vergüenza, fuese una república bien organizada, este año -Centenario de Alfonso Paso- se multiplicarían los homenajes oficiales, se dedicarían calles y plazas a su memoria, se inaugurarían estatuas con su efigie y se instaurarían premios teatrales con su nombre.

Si España, en lugar de ser un cortijo del wokismo endófobo, fuese una Nación orgullosa de su cultura y de sus grandes hombres, este año -Centenario de Alfonso Paso- se representarían sus obras en todos los colegios e institutos públicos, se analizarían su trayectoria y su estilo en tertulias televisivas y se estrenarían películas con su biografía.
Pero cuando la cultura oficial es un pesebre de palmeros del perrosanchismo, feministas amargadas, progres de subvención y mediocres sobrevalorados, que te dediquen calles no es ningún homenaje.
En un país donde se quita una plaza a Vázquez de Mella para dedicársela a un tipo cuyo único "mérito" fue su homosexualidad, o se borran del callejero los nombres de héroes y mártires para homenajear a los que los asesinaron, mejor que no dediquen ninguna calle a uno de los comediógrafos más prominentes de nuestra historia teatral.
Mejor que sean las iniciativas particulares de los españoles de bien los que conmemoren el Centenario y que queden los homenajes oficiales en el vertedero ministerial de la mediocridad que prostituye nuestra cultura.

J.L. Antonaya